Lo leemos en las noticias, le sucedió a algún cercano, a un conocido, y creemos que jamás tocará a nuestra puerta, que en nuestra familia no va a ocurrir, pero el suicidio está a la puerta de la esquina, más cercano de lo que parece y cada día las cifras aumentan. 

Tú, yo, todos estamos propensos a que nos ocurra simplemente por ser humanos, por tener una mente que puede llegar a ser tanto o más frágil que una pelusa llevada por el viento. Un evento inesperado, como la muerte repentina de un familiar muy querido, un cambio drástico en nuestras rutinas, una guerra, un problema familiar, una tragedia, una enfermedad terminal, una decisión que cambió nuestras vidas, caer en la ruina, perderlo todo, una separación, entre tantos motivos pueden ser suficientes para que alguien crea que la vida no vale la pena y es mejor quitársela. 

Es así como podemos pasar tan fácilmente de la depresión al suicidio sin hacer mucho ruido, sin que nadie se dé cuenta hasta que llega el día de la devastación. ¿La consecuencia? Los corazones destrozados de nuestros afectos, la entrada a nuevos problemas que pueden convertirse en patrones de conductas de las futuras generaciones y una sociedad debilitada. ¿Hay solución? Sí, siempre la hay y se encuentra dentro de cada uno de nosotros.

  1. La depresión: un monstruo silencioso
  2. La resiliencia: una armadura en contra de la depresión
  3. La fortaleza espiritual de la mano de la educación emocional
  4. El reconocimiento interior, el primer paso en contra de la depresión.
  1. La depresión: un monstruo silencioso

Desde que somos pequeños nos enfrentamos a pérdidas, duelos y separaciones. El niño que va por primera vez a la escuela llora porque se desprende de la madre, del hogar, ya no estará protegido por los suyos, se tiene que enfrentar a un mundo desconocido, a rostros extraños, a situaciones nuevas y desafiantes. Por su parte, la madre experimenta mucho temor y le preocupa que algo malo le ocurra al niño en su ausencia.

Con ello empieza toda la lucha, es el principio del proceso de preparación para la vida, es la apertura de la educación para una vida donde también nos vamos a encontrar inevitablemente con aquellas personas que han sido formadas para lastimar, para presionar, para dañar, son los llamados “fuertes”, pero que no lo son, simplemente han sido educados de manera errada.  

En este escenario tanto la víctima como el agresor necesitan sanidad, ambos son débiles de diferente manera, ambos necesitan aprender a anclar sus debilidades en su fortaleza interior. 

La depresión es un tema que siempre ha estado acompañándonos para recordarnos lo vulnerables que podemos llegar a ser los seres humanos, pero nuestra fragilidad se puede convertir en fortaleza cuando somos capaces de reconocerla.

La depresión es un enemigo silencioso que, alimentado por nuestras emociones más bajas, puede llegar a convertirse en un monstruo imparable que puede alcanzar dominio total de nuestra mente si así se lo permitimos. Una herida, una traición, una pérdida, un hecho que nos haya sacudido la vida puede entregarnos en brazos de este monstruo. 

Para que alguien tome la decisión de suicidarse no hace falta que la persona tenga una afectación mental reconocida, la depresión se esconde detrás de un rostro sonriente, de una aparente felicidad. La gran mayoría de las personas que se suicidan aparentan tener una vida normal, incluso exitosa, cuando realmente no es así.

¿Conoces a alguien con este perfil?

Cuídate de no ser tú y vigila a los tuyos. 

  1. La resiliencia: una armadura en contra de la depresión

Es preocupante que la población joven de hoy no sabe ser resiliente, todo le afecta sobremanera y no cuenta con los recursos esenciales para tener elevados niveles de tolerancia de las situaciones difíciles de la vida y de fenómenos sociales y personales como la burla, la soledad, los cambios, etcétera.

La resiliencia nos da la capacidad de superar las crisis y de transformarlas por más tormentosas que parezcan. Pero no todos tenemos la capacidad de apreciar lo efímero de la vida, saber reconocer que todo pasa, hasta lo más terrible, que tenemos que intentar a toda costa de salir ilesos de cada una de esas batallas necesarias y frecuentes de la existencia.

La formación escolar en temas de este tipo se hace cada vez más imperante. En la escuela se enseña a escribir, a leer, a pensar, los padres se ocupan de que sus hijos tengan disciplina deportiva, cultural, académica, pero se descuida el campo espiritual, tan importante y trascendente, y es allí donde se encuentra la vitalidad, la fortaleza que los va a ayudar a enfrentar cualquier situación por dura que sea. 

Es decir, para formar un adulto resiliente se debe empezar por el hogar y por la escuela, se debe impartir una sana formación espiritual en las etapas tempranas, enseñar a los niños a ver el lado positivo de todo lo que les ocurre, a descubrir cómo pueden transformar aquello que les sucede, que es muy duro y doloroso; enseñarlos a aceptar y a actuar en pro de su bienestar.

La aceptación nos ayuda a poner límites. Cuando nos aceptamos nos amamos y cuando nos amamos ponemos límites saludables, no permitimos que nadie nos dañe, así como no dañamos a otros. Y si alguien hace el intento de hacerlo, tal cosa no va a tocar nuestra profundidad espiritual porque estaremos cimentados en las herramientas espirituales aprendidas a tiempo.

  1. La fortaleza espiritual de la mano con la educación emocional

¿Cómo podemos alcanzar la fortaleza espiritual? Justo está en ese trabajo hecho en las etapas de formación y de educación donde nos proporcionaron, junto con los valores de vida, las maneras para soportar, para crear soluciones donde parece que no las hay, para seguir adelante a pesar de cualquier cosa que pareciera el fin del mundo.

Nada es el fin y si enseñamos a nuestros jóvenes de esta manera, no solamente dudarán tomar la drástica decisión de acabar con su vida pensando que con ello ya no habrá más problemas, sino que ni siquiera pasará por su cabeza la idea de quitarse la vida.

Los niños y los jóvenes no cuentan con la suficiente madurez para sobrellevar ciertas vicisitudes que los puede ir debilitando, para eso estamos los adultos, a quienes también pudiera faltarnos cimientos a nivel espiritual, al hogar y la escuela, a la sociedad entera. Los adultos somos los primeros que debemos entender que la espiritualidad no es rezar únicamente, sino desarrollar posibilidades de conexión interior, así que para enseñarles a los niños que no están solos y sobre todo que se tienen a sí mismos, que dentro de sí pueden encontrar aun en solitario todo el poder que necesitan para lidiar con esta vida que no siempre es color rosa, antes debemos aprenderlo a hacer sus mentores, sus maestros, los adultos que los acompañan. 

  1. El reconocimiento interior, el primer paso en contra de la depresión

El reconocimiento es el primer paso, descubrir lo que habita dentro de cada uno, acallar los ruidos del exterior para encontrarnos con ese niño que está dentro esperando ser educado y formado en estos temas esenciales de la vida. 

En materia de depresión hay que enseñarles a los niños y adolescentes que en el interior de su ser es que van a encontrar las respuestas de lo que les ocurre en el exterior y que termina afectándolos demasiado. Hay que enseñarles a vencer en su mente aquellos pensamientos que los están llevando a tomar acciones erradas movidos por la tristeza, la nostalgia, la frustración que conlleva el bullying, la soledad, la ausencia de los padres, los procesos educativos que a veces se tornan difíciles, las presiones sociales, la falta de adaptación de entornos nuevos para ellos, la pérdida de un ser querido, el enamoramiento fallido, una enfermedad, la misma etapa de transición de la infancia a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud, de la juventud a la adultez, porque todos estamos a merced de la depresión si a tiempo no aprendemos a ser guerreros de la vida. 

También los jóvenes tienen mucho miedo de enfrentarse a un futuro que nadie conoce, llegó la hora de adquirir compromisos que antes no conocían, para algunos es una aventura más, para otros es un terreno escabroso e incierto que produce tanta ansiedad. Venían de sentirse protegidos por los adultos de la casa, tenían todas sus necesidades cubiertas por alguien más, ahora les toca a ellos ocuparse de su propia vida y salen al campo de batalla a enfrentar la cruda realidad. 

No es fácil. De repente a veces no están preparados, no han recibido todos estos años las herramientas necesarias. “¿Y ahora qué hago?”, se preguntan sin saber bien a qué se van a tener que enfrentar. Y cuando la vida de alguna manera los golpea, están tan desprovistos de las anclas espirituales que se quiebran. 

Cuando se ven solos porque tienen que emprender en solitario, asumen la soledad de una manera desoladora y no como parte del crecimiento y la transformación del ser humano, no hallan las raíces de donde agarrarse, se encuentran rodeados por mucha gente, pero se sienten solos.

Esto sucede porque no han explorado su interior, no se conocen, no saben hallar paz en medio de la tormenta, y se conmueven de tal manera que se caen, muchos para levantarse y contarlo, otros para nunca más volver.

No digo que los que se han quitado la vida no hayan sido “valientes” en un sentido, porque hay que tener guáramos para arremeter contra la vida propia, lo que quiero decir es que la vida tiene sus dificultades, siempre las va a tener, y hay que aprender a aceptarlo. 

No es un juego, la depresión es una patología, es decir, puede y debe ser tratada de manera oportuna. Todos alguna vez nos hemos deprimido, pero tal vez no le hemos prestado la debida atención. Hay que enseñar a temprana edad que cuando nos sintamos débiles, frágiles, golpeados por alguna situación, cuando sintamos que no podemos solos, buscar ayuda terapéutica, familiar, decirlo, no guardarlo, porque esto hace que la tormenta sea mayor. 

Fortalece tu espíritu y tu mente en medio de la tempestad. Aunque haya un camino incierto que recorrer hazlo con fe y esperanza, así podrás vencer las tormentas de la vida. El mayor soporte es creer en uno mismo y tener fe. Cuando venga el dolor, y aunque la oscuridad, las tormentas, las pérdidas, los duelos, te azoten con mucha fuerza, recuerda que el sol siempre sale de nuevo cada día y que has venido a esta vida a ser feliz, no perfecto; a vivir y no a demostrar; a aprender y no a exhibir, a enseñar, a dar, a dejar una huella para los que siguen, a salvarte para salvar. 

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